sábado, diciembre 12, 2009

A Cd. Juárez y otros lugares norteños...



Ser Humano


Un cúmulo de voces perfuma nuestros oídos,
mientras ellas viven en maquilas saturadas,
de caricias, de sol edificado sobre la ancestral arena,
y el trabajo, arrancando sangre de su carne tierna.

Los mineros levitan entre niebla fresca,
las mujeres enterradas en el desierto negro,
los niños juegan pedaleando ilusiones,
en el abismo pétreo del azúcar muerta.

Tal vez te vayas con los días, al fin,
ahogando tu alma en el lago de recuerdos,
y los mineros con sus gritos congelados,
sólo acompañados por el alma de las piedras.

Las imágenes deambulan en los diarios,
bajo la sombra luminosa del futuro,
y la bella vida alimentando a la historia,
con las niñas, sus hermanas y sus madres,
muertas.

miércoles, septiembre 16, 2009

Sin lenguaje.

I
Que costumbre tan extraña de levantarse con la luz del día. Sería mejor tener los ojos adaptados al verde-azul de tu inocencia perdida. Que costumbre ciega de hacer lo que dicta el corazón caliente, cuando anda presuroso en bicicleta inconsciente.

II
Allá donde el tren viaja fugaz y mis ojos perdidos acarician los senos redondeados de otros seres, las palabras se suicidan con solitarios caramelos mordidos y justo en el punto donde tu mirada cognoscente dispara una bala perdida en mí, se proyectan las líneas asustadas de mi mano muerta ya en tus entrañas escondida.

III
Pero allá donde llueve silencio ennegrecido, tus palabras devienen cardúmenes de peces violentos que agitando mis visiones matinales, alargan el instante de mi adiós sólo hasta unos segundos antes de la eterna muerte.

domingo, julio 12, 2009

Fronteras




El cuerpo humano en su constitución, en su forma, funciones,

desarrollo y complejidad, determina lo específico de nuestra
especie y evoca también fronteras respecto a otros seres vivientes,

reales o imaginarios, pasados ó contemporáneos, presentes,

al fin, en lo mental de nuestra memoria, en lo efímero del estar aquí

y ahora de nuestra experiencia visual, en el acto de conocer el mundo.


Ecología de las palabras

Aprovechando la insularidad de tu sonrisa,
capturo tus dientes con infiltrados diafragmas vigilantes,
y comienzo a pescar palabras en el mar desconocido de tu prisa, y mi lengua en ti profana aquellos labios rojos titilantes,
siempre plenos de miedo a ser mordidos en serio...

A veces tu sonrisa es violenta como la tarde verde,
similar al sonido de los insectos y los intestinos verdes,
ó al canto del pájaro verde preso en la ventana de tu casa,
ó a la mirada escondida de los ancianos en cualquier espacio provisto de vacío eterno,
que en cualquier caso nunca es verde sino traslúcido como la sangre de los árboles.

Otras más, tus sentidos elocuentes me secuestran y audazmente acaricias mi fragilidad desteñida de rojo,
y mis músculos danzantes dan vida a todo aquello que imaginan extasiados, cohabitando así tus palabras,
en mi nido cerebral intencionalmente inconsciente de olvido, mismo que a veces se mimetiza color azul a causa de la lluvia sin sol.

En los últimos días,
esta mano audaz tiene la costumbre de autodesnudarse
de su propia piel, para dejarla colgada en la pared,
casi como un guante, como lo haría también,
después de vivificar a un solitario violonchelo
y sus sinuosas formas en apariencia organizadas,
pero solo en el humo de la memoria.

Recientemente esta frescura del liquidámbar
engaña a mi sed primate, y por tanto,
a mi garganta y sus voces,
pues la puerta agrietada de mis labios es ahora diferente,
y el pincel de mis sueños ahora revestido de óleos atemporales,
dibuja aún las señales de tus pies desnudos sobre la cama...




humberto baeza