domingo, julio 12, 2009

Fronteras




El cuerpo humano en su constitución, en su forma, funciones,

desarrollo y complejidad, determina lo específico de nuestra
especie y evoca también fronteras respecto a otros seres vivientes,

reales o imaginarios, pasados ó contemporáneos, presentes,

al fin, en lo mental de nuestra memoria, en lo efímero del estar aquí

y ahora de nuestra experiencia visual, en el acto de conocer el mundo.


Ecología de las palabras

Aprovechando la insularidad de tu sonrisa,
capturo tus dientes con infiltrados diafragmas vigilantes,
y comienzo a pescar palabras en el mar desconocido de tu prisa, y mi lengua en ti profana aquellos labios rojos titilantes,
siempre plenos de miedo a ser mordidos en serio...

A veces tu sonrisa es violenta como la tarde verde,
similar al sonido de los insectos y los intestinos verdes,
ó al canto del pájaro verde preso en la ventana de tu casa,
ó a la mirada escondida de los ancianos en cualquier espacio provisto de vacío eterno,
que en cualquier caso nunca es verde sino traslúcido como la sangre de los árboles.

Otras más, tus sentidos elocuentes me secuestran y audazmente acaricias mi fragilidad desteñida de rojo,
y mis músculos danzantes dan vida a todo aquello que imaginan extasiados, cohabitando así tus palabras,
en mi nido cerebral intencionalmente inconsciente de olvido, mismo que a veces se mimetiza color azul a causa de la lluvia sin sol.

En los últimos días,
esta mano audaz tiene la costumbre de autodesnudarse
de su propia piel, para dejarla colgada en la pared,
casi como un guante, como lo haría también,
después de vivificar a un solitario violonchelo
y sus sinuosas formas en apariencia organizadas,
pero solo en el humo de la memoria.

Recientemente esta frescura del liquidámbar
engaña a mi sed primate, y por tanto,
a mi garganta y sus voces,
pues la puerta agrietada de mis labios es ahora diferente,
y el pincel de mis sueños ahora revestido de óleos atemporales,
dibuja aún las señales de tus pies desnudos sobre la cama...




humberto baeza