viernes, agosto 18, 2006

¿Somos lo que escribimos?

Justamente esta mañana estaba pensando en que estoy escribiendo muy poco en mi blog estos días... pero por un lado y más allá de que no tengo mucho auditorio y fans lo cual ya es una palabra en mayúsculas, confío en que es una virtud confiar en la honestidad propia...y escribir poesìa no por compromiso sino por libertad, sòlo cuando los demonios se sueltan de sus amarras y revolotean hondo en la mente.

Y pensaba, jugando también a veces con el lenguaje... que escribir poemas no debe ser un acto obligado para un momento especìfico... mas bien de pronto llegan imágenes a la mente... espacios espontáneos dependientes a toda costa de una identidad propia y su narrativa... líneas argumentales humedecidas con la experiencia, con las fatigas del camino andado y sus prescripciones, y con todas aquellas posibilidades infinitas de los sueños...

Y dicho todo lo anterior... quién de ustedes está de acuerdo conmigo en que podríamos equiparar un poema con un film, como un producto y expresión a la vez de un acto creativo, un producto lingüístico o sensorial o cualquier otro-son miles las posibilidades expresivas de los humanos-, que transita en un mundo cultural y por tanto como un mensaje de alguien dirigido hacia la otredad, sin destinatario y sin retorno.
Este mensaje y mundo identitario a la vez tiene por tanto una intención o una intencionalidad en el sentido de Dennett, que echando mano de sus propias ideas pienso que es un mensaje de alguien acerca de algo-obvio-, y pensando en las reacciones mentales que pueda producir esa creaciòn en los demàs.

¿Entonces, ya bien pensado y honestamente... quién dice que no somos lo que escribimos?

Las líneas desordenadas de todo.....



Líneas pétreas.

La paciencia de un dibujante y su lápiz habilidoso,
acarician el esbozo de la tarde sempiterna sobre papel.

Ha terminado la lluvia y adentro los monos juegan,
en su jaula plena de vacío eterno, prisionero en sí mismo.

Un perfume a lodo mojado intenta escapar por la puerta,
pero yo lo suspendo en el humo contingente de la memoria.

Es tarde y el cielo con sus lunares frescos y titilantes,
humedece con sus lágrimas a los sombreros nuevos.

Solo en medio de tanta casualidad incierta,
la materia de lo posible,
también puede fosilizarse sobre la piel.