miércoles, septiembre 16, 2009

Sin lenguaje.

I
Que costumbre tan extraña de levantarse con la luz del día. Sería mejor tener los ojos adaptados al verde-azul de tu inocencia perdida. Que costumbre ciega de hacer lo que dicta el corazón caliente, cuando anda presuroso en bicicleta inconsciente.

II
Allá donde el tren viaja fugaz y mis ojos perdidos acarician los senos redondeados de otros seres, las palabras se suicidan con solitarios caramelos mordidos y justo en el punto donde tu mirada cognoscente dispara una bala perdida en mí, se proyectan las líneas asustadas de mi mano muerta ya en tus entrañas escondida.

III
Pero allá donde llueve silencio ennegrecido, tus palabras devienen cardúmenes de peces violentos que agitando mis visiones matinales, alargan el instante de mi adiós sólo hasta unos segundos antes de la eterna muerte.