Líneas pétreas.
La paciencia de un dibujante y su lápiz habilidoso,
acarician el esbozo de la tarde sempiterna sobre papel.
Ha terminado la lluvia y adentro los monos juegan,
en su jaula plena de vacío eterno, prisionero en sí mismo.
Un perfume a lodo mojado intenta escapar por la puerta,
pero yo lo suspendo en el humo contingente de la memoria.
Es tarde y el cielo con sus lunares frescos y titilantes,
humedece con sus lágrimas a los sombreros nuevos.
Solo en medio de tanta casualidad incierta,
la materia de lo posible,
también puede fosilizarse sobre la piel.
La paciencia de un dibujante y su lápiz habilidoso,
acarician el esbozo de la tarde sempiterna sobre papel.
Ha terminado la lluvia y adentro los monos juegan,
en su jaula plena de vacío eterno, prisionero en sí mismo.
Un perfume a lodo mojado intenta escapar por la puerta,
pero yo lo suspendo en el humo contingente de la memoria.
Es tarde y el cielo con sus lunares frescos y titilantes,
humedece con sus lágrimas a los sombreros nuevos.
Solo en medio de tanta casualidad incierta,
la materia de lo posible,
también puede fosilizarse sobre la piel.


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